Rabietas

¿Cómo ayudar en esos momentos de descontrol emocional que suponen las rabietas?

Un barco está más seguro en el puerto, pero para eso no se construyeron los barcos”

William G.T. Sedd

Una rabieta es un barco en mitad de una tormenta en el mar, con el timonel desbordado y muerto de miedo ante el vendaval.

Es un momento de pánico, descontrol y angustia. No es tiempo de diálogo, de reflexión o de razonar nada.

Es momento de coger el timón y llevar el barco a puerto.
Porque en ese momento nuestro hijo no puede hacerlo, y lo sabe.

Querer razonar, explicarle algo, darle a elegir, ceder ante su desorden emocional, es abandonarle en esa deriva emocional que siente, es cargarle con una responsabilidad que no puede llevar, es pedirle que se haga cargo de una situación que le ha desbordado. Es pedirle que sea adulto.

Necesita sentir que alguien se hace cargo de ese momento, sin dudar, que alguien está por encima de esa tormenta con seguridad, y que alguien puede controlar y redirigir esa situación con amor y firmeza.
Que alguien sabe lo que hay que hacer y va a hacerlo. Que no hay peligro.

En mitad de una rabieta, en mitad de una tormenta, hay que actuar con mucha firmeza y con pocas palabras.

Le llevo al lugar donde tenemos que ir, mientras digo “no te preocupes esto va a pasar, ahora tenemos que irnos”
Le quito el juguete que no puede coger, mientras digo “estoy contigo y te quiero, después hablamos”
Le separo de una situación que no le conviene. “entiendo como te sientes, estoy aquí y te acompaño”etc.

En el momento de la rabieta, la persona adulta toma la decisión y la lleva a cabo con seguridad y firmeza, sin diálogo, sin preguntar, sin ceder… la persona adulta coge el timón y dirige la situación. Con calma y amor. Con mensajes que tranquilizan y que transmiten determinación.

Esto genera en el menor mucha seguridad para explorar esta etapa de independencia en la que está, porque sabe que aunque vuelva el desorden, aunque llegue el caos, hay alguien que nos va a devolver a la calma, a un lugar de seguridad.

El diálogo, puede llegar después de la tormenta.
La reflexión, la comprensión, la expresión verbal… se puede dar cuando ya estamos en tierra firme.

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